Me recuerdo como una niña muy sensible y sonriente. 

A los tres años comencé a recibir clases de ballet y no sabría decir qué estilo me gusta más: clásico, español, moderno, latino. Expresarme a través del cuerpo me ha dado vida desde muy temprana edad. 

Me licencié en Farmacia y después estudié Nutrición y Bromatología en la Universidad de Granada, lo que abrió ante mí un mundo apasionante: el funcionamiento del Ser Humano. Para poder comprender cómo actúan un fármaco y un alimento, sus efectos beneficiosos y sus efectos adversos, primero se ha de estudiar todo proceso de enfermedad. Hasta ese momento nunca me había planteado la enorme complejidad de una máquina perfecta, nuestro cuerpo. 

Coincidiendo con mis estudios universitarios, me formé para impartir clases de diferentes disciplinas en gimnasios: Step, Aeróbic, Ciclo indoor, Aerobox, Geronto-gimnasia. La Universidad requería muchas horas de estudio sentada y practicar deporte y moverme al ritmo de la música con los alumnos supuso para mí una forma insustituible de sentirme fuerte, alegre y sana. El movimiento hacía posible no perderme en un ritmo de estudio tan frenético; me permitía estar en contacto conmigo misma y canalizar mis sentimientos.

Al finalizar mis estudios en Granada volví a mi ciudad natal, Murcia, donde comencé a trabajar como Farmacéutica en Oficina de Farmacia. Posteriormente trabajé como Delegada de ventas y como Visitadora médica para dos laboratorios farmacéuticos. Durante esta etapa pude desplegar mis conocimientos impartiendo conferencias y charlas en multitud de sectores: médicos, farmacéuticos, auxiliares de Farmacia, mutuas aseguradoras, colegios profesionales, etc. Fue una época muy enriquecedora a nivel profesional y personal. Siempre ha existido en mí la necesidad del contacto con otras personas a través de la palabra. 

Pero durante los años posteriores a la Universidad comencé a manifestar dolor y diferentes síntomas físicos, fisiológicos y emocionales (más tarde comprendería que estaban relacionados con cosas acumuladas de forma inconsciente desde la infancia): trastornos del sueño e insomnio; mucho dolor cervical; mareos; dolor de cabeza; dolor facial; cansancio y fatiga constantes; rigidez muscular. También se vio afectado mi carácter, comportándome de un modo cada vez más rígido, triste y apagado. Vivir con dolor comenzó a ser lo normal en mi vida. Practicar deporte ya solo me aliviaba apenas unas horas y comencé una búsqueda incesante: traumatólogos, neurólogos, otorrinolaringólogos, odontólogos, ortodoncistas, fisioterapeutas. Una auténtica locura que no aliviaba mi dolor. Ninguno de ellos consiguió hacer un diagnóstico claro, pero hubo un tratamiento que me llevó al punto de inflexión: me prescribieron analgésicos y relajantes musculares de por vida y comer solo purés. 

En pocos días decidí que no me iba a conformar con vivir perdiéndome lo mejor de la vida: la alegría, poder disfrutar de la alimentación y una salud plena. No estaba dispuesta a rendirme y a dejar mi vida en manos de la medicación; no me rendía ante la opción de tratar únicamente los síntomas de algo que intuía iba mucho más allá del dolor físico y sus consecuencias psicológicas. 

Decidí hacer caso al consejo que durante años me había estado dando mi primo César: probar el Yoga. Hasta ese momento tenía la idea de que yo, que practicaba deporte desde niña, iba a estar bien por el mero hecho de ejercitar mi cuerpo. Pero era evidente que la cosa era más compleja y profunda. 

De forma perfecta se precipitaron los acontecimientos y mi primo Félix, esta historia va de prim@s, me pasó el número de una Escuela de Yoga dirigida por Mari Sol Suanzes-Carpegna, que terminó siendo mi profesora y a través de la cual llegué a conocer a Manuel Morata.

De mano de Manuel cursé la formación de profesora de Yoga. Tras presentar mi tesis “Yoga, hacia la transformación”, continué asistiendo a los seminarios y retiros con Manuel durante un total de 15 años. 

Yoga es la Ciencia de la mente, va más allá de una mera gimnasia e implica de forma directa a la psique. 

El Yoga supone, mediante un estudio y práctica constantes (sadhana), el acceso a la meditación. Toda práctica va dirigida a poder adoptar la postura de meditación y crear el caldo de cultivo óptimo para el trabajo de técnicas ulteriores que faciliten el acceso a un nivel de conciencia superior. 

El estudio con Manuel Morata es escrupuloso y no solo se ciñe al aspecto físico. Ahonda en la complejidad fisiológica y psicológica del Ser Humano, de modo que toda práctica consiste en abordar multitud de técnicas: asana y karana; respiración; trabajo con la concentración, el sonido o mantra; relajación; técnicas premeditativas y meditación; filosofía. Solo abordando las sesiones desde la complejidad y completud humanas se puede experimentar la evolución sin cese que la práctica del Yoga promueve. 

Recorrer el sendero del Yoga a través de la práctica y el estudio pronto dio resultado y mi salud comenzó a mejorar. Las causas del dolor iban desenmascarándose; se despertaron en mí cualidades hasta ese momento adormecidas y pude ir experimentando una mayor atención que me permitió tomar conciencia de problemáticas hasta ese momento veladas. 

Después de años de convivir con el dolor físico y experimentar el sufrimiento y la frustración, con apenas unas sesiones como alumna pude sentir el alivio y la desaparición del dolor, la calma a la hora del día a día y poder conciliar y mantener el sueño. Surgió en mí una alegría interior muy grata propia de los efectos del Yoga. El cuerpo físico sufrió una transformación evidente que daba paso a intuir que en mi interior habitaba una Raquel hasta ahora desconocida. Lo mejor era que los demás se daban cuenta de ello y me lo hacían saber. Era capaz de abordar las cosas desde un estado más sereno y con más perspectiva. 

La inquietud por indagar en aquello que me estaba ayudando tanto aumentó y se convirtió en la necesidad de aprender a ayudar a los demás en sus propios padecimientos. 

Comencé a crear grupos de Yoga trabajando en el Herbolario de unos buenos amigos, La Tienda Verde y, pasados unos años, di el salto a mi propia Escuela. De esto hace ya más de 20 años.

Debido a mi compromiso con el Yoga y con el Ser Humano y, por supuesto, con la salud, pronto comencé a trabajar de forma personalizada con alumnos que presentaban patologías tales como esclerosis múltiple, cáncer, escoliosis, dolor crónico, ansiedad, depresión y otras, haciéndoles un seguimiento y un acompañamiento individualizado a lo largo de sus procesos. Los pacientes con esclerosis múltiple son un regalo para el alma. El Yoga oncológico es sumamente complejo pero lleno de inmensos regalos de cada uno de los pacientes. Actualmente acompaño a pacientes con cáncer y a sus familias. 

Durante una etapa de mi vida me instalé en Andorra y allí desarrollé un área de body-mind e impartí clases de Yoga y otras disciplinas deportivas. Allí experimenté en primera persona cómo el individuo se ve influenciado por el entorno en el que habita y la sociedad en la que se desenvuelve. El Yoga, a través del buen hacer del profesor, se adapta a la perfección a los requerimientos de cada lugar y circunstancia. 

A mi regreso de Andorra la Escuela de Yoga se instaló definitivamente en Las Torres de Cotillas, Murcia, donde continúo con clases grupales, sesiones individuales, meditación, Yoga terapéutico, Yoga oncológico, reeducación nutricional y acompañamiento farmacéutico. Imparto seminarios, talleres y charlas en diferentes espacios y realizo colaboraciones con entidades públicas y privadas. 

Recientemente me he especializado en Terapia Transpersonal. EDTe. 

Haber estudiado y practicado Yoga estos más de 20 años no ha estado exento de las experiencias propias de la vida y de la etapa que voy atravesando. Unas han sido gratas y otras, en un principio, no tanto. Pero sí ha posibilitado que pueda afrontarlas desde otro lugar y poder llegar a la comprensión de la enseñanza que me traen en cada momento. El aprendizaje le da sentido a nuestra vida y eso pretendo en cada una de las sesiones que comparto con los alumnos, que puedan llegar a comprender a través de las señales que su cuerpo les transmite y poder transformar el dolor o cualquier desequilibrio en un mayor estado de conocimiento y salud integral. 

La Escuela ha ido cambiando y adaptándose a las necesidades de los alumnos según las circunstancias de ellos y de la sociedad misma, pero siempre ha mantenido un único objetivo: ser un eslabón más de la infinita cadena de transmisión del Yoga, respetando las enseñanzas recibidas y manteniendo una formación y reciclaje continuos. 

Del mismo modo, yo he ido experimentando cambios en mi Ser a lo largo de estos años y los pongo al servicio de cada una de las personas que se cruzan en mi camino, para así poder transformarnos, todos, en un caballo alado.