No importa la motivación que te mueva a asistir a una sesión de Yoga. Muchas veces se matriculan personas que buscan mejorar su estado físico: sentirse más fuertes y flexibles, disminuir la sensación de debilidad generalizada, eliminar dolor de espalda o de rodilla, tratar desviaciones de columna vertebral, etc.
Otras veces son personas que vienen con síntomas relacionados con el estrés: problemas digestivos, ansiedad, falta de descanso, insomnio.
También acuden al Yoga personas con un estado anímico decaído, falta de ilusión o depresión diagnosticada.
Estos y otros síntomas están relacionados con el estilo de vida actual y la sociedad en la que nos desenvolvemos. Un ritmo de vida frenético que se ve aún más afectado por el efecto de un mal uso de las redes sociales, la necesidad de dar la talla, estar perfectos, no saber dejar de hacer y el efecto del estímulo de las pantallas y la luz constantes.
En última instancia, nuestra salud física, mental y emocional se ven afectadas; nuestra mente comienza a coger las riendas de un modo incansable y nuestra energía decae hasta que nuestro cuerpo comienza a decirnos que bajemos el ritmo. Pero tanto ruido exterior y estímulos sin cese nos impiden vivir el momento presente y dedicarnos tiempo de calidad.
Volver a mirar hacia adentro y cuidarnos de forma adecuada nos llevará de nuevo al estado de salud óptimo.
El Yoga es un conjunto de técnicas propias del Ser Humano que posibilita la expresión de las cualidades inherentes a él y permiten alcanzar una mayor salud integral. No es una mera gimnasia, aunque sí implica un gran trabajo físico pero nunca separado de un entrenamiento mental. Cuerpo y mente son indisociables y con ambos trabajamos para un mayor autoconocimiento y un mayor estado de plenitud.
